DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

2 REYES:

· Vemos la multiplicación de los panes por parte de Eliseo, que nos prepara para escuchar luego en el Evangelio la que realizó Jesús. Ambas tienen muchos puntos paralelos, la desproporción entre los panes disponibles y la gente que ha de comer, la persona que aporta algo. En ambos casos, después de una comida milagrosa sobra todavía pan, aquí Dios promete que comerán y sobrará, y así sucedió, en el caso de Jesús obraron doce canastas de pan.

SALMO:

“Abres tú la mano, Señor, y nos sacias”

El salmista invita a alabar a Dios, que todas tus criaturas te den gracias, Señor, porque en verdad Dios es generoso, los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo, y lo que se ha convertido en el estribillo de la comunidad abres tú la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente.

EFESIOS:

· San Pablo pone en práctica lo que pide el Señor, y por eso pide a los Efesios, que anden como pide la vocación a la que han sido convocados. Lo que más destaca es la unidad que debe haber entre todos. Y la clave es teológica, todos tenemos un solo cuerpo y un solo Espíritu, un Señor, una fe, un Bautismo, un Dios que es Padre de todos.

· A los cristianos de la comunidad, por su parte, san Pablo les dice, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz, y les insta a que sean humildes y amables, comprensivos, sobrellevándose mutuamente con amor.

JUAN:

· Vemos detalles muy significativos en el relato de la multiplicación de los panes:

– La gente seguía a Jesús por los signos que hacía, por la compasión que tenía con todos los enfermos, y todos se acercan porque quieren recibir la misma misericordia.
– Está cerca la fiesta de Pascua, la gente se encuentra en la otra parte del lago, simbolizando la marcha de Israel por el desierto en que recibieron de Dios el alimento del maná. Aquí es el mismo Jesús quien reparte los panes y los peces y al final sobran todavía doce canastas, el número simbólico de las tribus de Israel y de los apóstoles.
– El diálogo con los apóstoles quiere hacerles compartir el gesto de dar de comer a la multitud, es interesante la respuesta de Felipe sobre el dinero, y la de Andrés que ha visto a un joven que tiene cinco panes y dos peces. Sobran doce canastas, todo un símbolo de la abundancia de los dones que vienen de Dios.
– El entusiasmo de la multitud ante el prodigio les hace interpretar, una vez más, el mesianismo en clave política, y por eso Jesús tiene que huir, porque para él la finalidad no es esa, sino el mesianismo espiritual, inaugurador del Reino de Dios.

· Es un milagro de éstos que el Señor hace como queriendo que nos fijemos en Él, no lo hace sin más. ES un milagro hecho con pormenores como para que se quede fijo en la inteligencia. El mismo Jesús usará este milagro para hablarnos después por primera vez de la Eucaristía. Y todo para saciar la necesidad del verdadero pan que tiene el hombre, que es el pan que hace caminar en la peregrinación terrena hacia Dios. Por la tanto, multiplicar los panes aquí no va a ser hacer de muchos panes el Cuerpo y la Sangre del Señor, no es simplemente multiplicar el pan corporal, es transformarlo, transformarlo hasta la esencia del ser, hasta el fondo del ser del pan para que deje de ser pan, y para eso hace falta un poder creador.

Este poder es el poder que pone Jesús en actuación todos los días en la Eucaristía, este poner que está manejado por un Corazón del todo abierto a nosotros, un Corazón humano que al mismo tiempo busca la manera de darse y entregarse de todos los modos posibles por maneras que solo su omnipotencia divina podía sospechar que pudiera realizarse.

Aquí está el mismo Señor Jesús con su Corazón dispuesto a darse, buscando la manera de darse, el mismo Señor Jesús con su poder omnipotente que quiere poner en acción para trasformar hasta el fondo de los seres, no es el pan corporal el que se multiplica, es Él, que multiplica su presencia no sólo en el altar, sino para cada uno de nosotros, para venir a ser nuestro alimento que sacia nuestra necesidad, todas nuestras necesidades, porque todas las sacia este divino pan, que es el Cuerpo del Señor.

María, Madre ayúdanos a recibir a Jesús como Él debe ser recibido, para ello recíbelo tú, Madre en nosotros. Amén

​​​Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO