DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO

1 REYES:

– Elías después de un gran éxito, tiene que huir al desierto. En la huida llega al Horeb, al Sinaí, donde el pueblo había experimentado la cercanía De Dios y aquí había firmado la alianza con Yahvé. Aquí se le aparece Dios a Elías, una verdadera experiencia De Dios, una teofanía; pero no lo hace Dios llamando la atención, sino mas bien en la suave brisa, y Dios se hace así presente en medio de su elegido.

– Pero el Señor no deja a Elías en el monte, sino que recibe el encargo de volver a la ciudad a seguir ejerciendo su misión profética, se supone que con un ánimos más conforme a la voluntad De Dios, y viviendo más en la misericordia De Dios.

SALMO:

"Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación".

Nuestro Dios es un Dios de paz y misericordia. Este es el anuncio que da el Salmo, y está aquí el fundamento de nuestra salvación, pues si nos dejamos llenar por el temor De Dios, viviremos en Él para siempre.

Dejémonos llenar por la lluvia De Dios para que llene toda nuestra vida y nos haga vivir en sus caminos.

ROMANOS:

– Vemos como San Pablo tiene un amor apasionado por su pueblo, pues se conmueve con los suyos, y el duele profundamente que no hayan sabido acoger al Mesías después de tantos siglos de espera y anuncios proféticos. Que entrañas tan humanas, y tan de misericordia, yo creo que es bueno que las mendiguemos cada día, para ser llenos del entrañable amor de nuestro Dios.

– Además San Pablo reconoce lo que el Señor a puesto en el pueblo elegido, en el pueblo de Israel, y como son dones que el pueblo judío ha recibido del Señor.

MATEO:

Después de la multiplicación de los panes y los peces, escuchamos este pasaje del Evangelio, que pone en contraste que existe entre la barca de los Apóstoles cuando está Jesús y cuando no está. Al principio no está y la barca va sacudida por las olas, llevada por el viento. En este sacudimiento de las olas la barca peligra, no está Jesús. Luego, Jesús se hace presente, sube a la barca; y en cuanto subió a la barca, amainó el viento. Ésa es la realidad nuestra pobre barca interior.

Cuando no se hace sentir Jesús en nosotros, parece que vamos traídos y llevados por el viento de nuestras pequeñeces, de nuestras faltas, de nuestras pasiones que nos zarandean interiormente.

Cuando se hace presente Jesús, parece que todos se ha acabado, que todo es fácil, que el trabajo de superar nuestra pasiones se hace posible. Jesús siempre está en nuestra barca, lo que pasa es que a veces se hace o no presente; parece que a veces se aleja, pero Él no deja de estar con nosotros. Él no se deja sentir a veces, pero su presencia está en lo oculto de nuestro corazón.

Además hay otra escena en el Evangelio. Jesús parece de madrugada en mar como si fuese un fantasma, y cómo que no se hace reconocer. ¡Cuántas veces en nuestra vida aparece Jesús disfrazado con tantas cosas que nos hacen que no lo reconozcamos! Pero Él nos dice ¡Soy yo, no tengas miedo, estoy contigo!

Aparece en nuestro corazón el mismo deseo de Pedro, ir hacia Jesús, aunque sea sobre el agua. Es la confianza en Jesús, si él está con nosotros ya no hay ningún temor, nada hay imposible. A cualquier sitio iré, por cualquier dificultad pasaré.

Pedro empieza a andar por el agua y se acerca a Jesús; pero hay un momento en que deja de mirar a Jesús y empieza a mirarse a sí mismo, y se hunde; dejamos de mirar con los ojos de Jesús y miramos con los nuestros, y esto nos hace ver tantas dificultades, que hace que nos hundamos. No teníamos temor porque íbamos a Jesús y no pensábamos más que en Jesús. Ahora empezamos a tener miedo porque ya no pensamos en Jesús, porque pensamos en nosotros, pensamos en nuestro alrededor y nos hundimos sin remedio.

Pero Pedro sabe cuál es la solución: SEÑOR SÁLVAME, y Jesús extiende la mano, le coge con la mano y le trae a Sí. Jesús se queja de su falta de fe, es como si nos dijera: si venías a mí con mis fuerzas, si venías porque yo te he llamado, si venías a mí porque yo te estoy a tu lado, ¿por qué has dudado y te has mirado a ti?

Por envía de todas las dificultades, por encima de todos nuestros pecado, y de todas nuestra pasiones y pequeñas, está Jesús con nosotros, está Jesús conmigo. Dudas porque miras a ti mismo; dudas porque miras a tu alrededor. ¡No dudes! Aquí tienes que mirar es a Mí que estoy siempre en tu corazón, que estoy siempre contigo hasta el fin del mundo.

María, Madre que Jamás nos separemos de tu Hijo Jesús, y que nos perdamos siempre en su mirada de Amor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO