DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO

SABIDURÍA:
– Vemos como el pueblo de Israel tiene una espera activa y confiada en la promesa De Dios, y esta promesa es la salvación para los que se dejan en manos De Dios, y de perdición para los enemigos.
– Hay que destacar la noche de la liberación del pueblo, pues es un signo en el cual se ve la intervención diviniza en medio de su pueblo, para hacer su obra más grande que es la salvación. Y es signo de la intervención poderosa De Dios en la que confía el pueblo por encima de todo. Aun en medio de las debilidades, de las dificultades, de la esclavitud, el pueblo entreve la salvación De Dios, que se hará real, pues las promesas del Señor son verdad. Y esta noche es noche de salvación, en la que el pueblo alaba y canta himnos a Dios, pues viven confiados en su paso salvador.

SALMO:
«Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad»
En el salmo se muestra cuál es el signo de confianza en Dios, y es que Dios ha escogido a su pueblo, y por eso cantan a Dios, porque Dios que ha elegido a su pueblo no lo abandonará, sino que intervendrá de manera poderosa para salvar a sus elegidos.

HEBREOS:
– Empieza la carta con una de esas frases memorables: «La fe es fundamento de lo que se espera y garantía de lo que no se ve.» Que definición tan sencilla y tan verdadera, pues la fe no nos muestra algo que ya esté presente, sino algo que es más grande y que no podemos ver ahora, sino que lo veremos cuando tengamos la plena relación con el Señor en el cielo. Por eso la fe, es la garantía del cielo, de lo que no podemos alcanzar con nuestras fuerzas, y que tenemos que vivir en las fuerzas De Dios.
– Después aparece una lista de aquellos que han vivido desde antiguo con la fe puesta en Dios, y son ánimo y estímulo para que nosotros perseveremos en la fe y no nos apartemos del Señor. El ejemplo se detiene especialmente en la fe de un matrimonio, Abraham y Sara, que son capaces de salir de su tierra, y de abandonarlo todo, incluso de la entrega de su propio hijo, y esto no porque lo vean todo claro, sino porque confían en las promesas De Dios.

LUCAS:
– Primera invitación del Señor, a «no temer», y esto no porque no tengamos miedos, sino porque sabemos de quien nos podemos fiar, nos podemos fiar del Señor, que nos considera como su pequeño rebaño, y que se desvela por nosotros. El Padre, mira por nosotros sus hijos, y nos da el Reino, nos da a su propio Hijo. La valentía y el no temer vienen por tanto por la acción De Dios en nosotros, y no por nuestra acción en él.
– Segunda invitación del Señor, «vender bienes y dar limosna» esto es para no amontonar de los bienes que se pasan, que son los de la tierra, sino buscar el tesoro del cielo, y esto nos invita con una frase que todos los cristianos tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón: «porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón». Si ponemos nuestro tesoro en cosas materiales, las polillas y la carcoma se lo comerán, por eso nos conviene poner nuestra esperanza en lo Eterno, en lo que dura, en lo que no se pasa, en el corazón De Dios.
– Tercera invitación: «tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas», vivir siempre pendientes del Señor, y de paso por este mundo. Hay que tener el corazón puesto en Dios, y vivir siempre para y por el Señor, para que cuando el venga nos encuentre con el corazón y la vida dispuesta para recibirle. La clave del día de hoy es la Vigilancia, estar atentos, vivir en vela, iluminando para ser vistos y que el Señor nos vea y se quede con nosotros, y también para que nosotros le veamos a Él.
Lo que está claro es que no podemos vivir ociosamente, sino con el corazón atento a Dios, y sobre todo viviendo en lo verdaderamente importante que es el Amor, como diría la madre Teresa, lo importante no es la gran cantidad de cosas que hagas, sino el amor que pongas en cada una de ellas. De esto se trata el Evangelio de hoy, de poner amor en todo, pues incluso dice san Juan De la Cruz, que al atardecer de la vida nos examinaran del Amor, pues no busquemos otra cosa que amar. Sólo si ponemos amor, podremos sacar amar. Hagamos hoy vida el evangelio y vivamos con un corazón vigilante para amar en toda ocasión.
– Jesús, de nuevo buen pedagogo, nos enseña con varias comparaciones cómo debe ser de despierta y vigilante nuestra fe:
a) El mejor «banco» para guardar nuestras posesiones es el cielo, «donde no se acercan los ladrones ni roe la polilla», porque «donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón»
b) La actitud de los criados que aguardan la vuelta del amo, que se ha ido a una fiesta. Puede volver bien entrada la noche o de madrugada; si les encuentra bien preparados, cosa inaudita: «los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo» c) La del dueño de casa que no sabe cuándo pueden venir los ladrones
d) La del administrador que debe estar preparado a rendir cuentas de su gestión en cualquier momento.
– Vigilar significa no distraerse, no amodorrarse, no instalarse, satisfechos con lo ya conseguido. En medio de una sociedad que parece muy contenta con los valores que tiene, el cristiano vive en esperanza vigilante y activa hacia el futuro. No podemos permitir que se nos entumezcan nuestros músculos, porque, como los atletas y los peregrinos, necesitamos tenerlos en plena forma para el camino.
– Vigilar -tener las lámparas encendidas para el encuentro con el Señor- significa tener la mirada puesta en los «bienes de arriba», no dejarse encandilar por los atractivos de este mundo, que es camino y no meta, y tener conciencia de que nuestro paso por él, aunque sea serio y nos comprometa al trabajo, no es lo definitivo en nuestra vida.
– Vigilar es vivir despiertos. No con angustia, ni obsesionados por la cercanía del fin, pero sí con seriedad y una cierta tensión. Dando importancia a lo que la tiene. Como el estudiante que desde el comienzo del curso piensa en los exámenes finales. Como el labrador que siembra y está ya pensando en la cosecha. Como el deportista que desde le primer esfuerza sueña con llegar primero a la meta, o al menor, no fuera de control.
– Una de las imágenes de la Iglesia que ahora más repetimos, sobre todo en los cantos, es la del Pueblo peregrino, Pueblo en marcha, Pueblo que camina. Ciertamente esto no supone desentenderse de lo de aquí abajo: debemos ser protagonistas, no sólo de la «espera» del Reino, sino de su construcción, ya ahora. Dios nos ha dado unos «talentos» que debemos «administrar» y hacer fructificar.

María, madre enséñanos a vivir vigilantes y a tener siempre nuestro corazón y nuestra mente, puestas en Dios y sólo en Él. Amén,

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO

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