DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

1 REYES:
– Elías fue un personaje muy importante de la vida de Israel, un profeta fogoso que luchó con energía contra el deterioro social y religioso de su tiempo. Pero hoy, perseguido a muerte por la reina Jezabel, tiene miedo y huye.
– La escena de hoy lo presenta en el desierto, desanimado, pidiendo a Dios la muerte. Pero el ángel De Dios le despierta y le manda que coma y beba, y que siga su camino. El profeta encuentra pan y vino, y en efecto, sigue su camino hasta el monte donde se encontrará misteriosamente con Dios. De este modo la lectura nos prepara para escuchar luego en el Evangelio la promesa del Pan que nos piensa dar Cristo para que tengamos vida y vida en abundancia.
– El profeta sufre una crisis vocacional, se desanima porque no ve los frutos de su predicación, está cansado de hablar y no ser escuchado, cae en la tentación de dimitir y huye. Se siente abandonado De Dios. Todos los cristianos que son conscientes de su misión en el mundo y están comprometidos en al familia o en la sociedad, pueden conocer también momentos de crisis en su camino, momentos tal vez en los que se sienten abandonados de todos, cansados de trabajar en vano y de hacer el bien. Es encontrarse en el desierto como Elías.
– Dios no abandona a Elías, no le hace oír su voz pero le envía un ángel, para confortarle y alimentarle. Dios no lo libera de su misión profética, sino que le da fuerzas para llevarla a cabo. No hay que confiar en las propias fuerzas, sino en la ayuda y en el poder De Dios, pues sin Él no podemos hacer nada.
– Cuando nosotros flaqueamos en el camino, no pedemos apoyarnos sólo en nuestras propias fuerzas, sino en Dios. También a nosotros tal vez nos convenga que Dios nos dé una lección, si somos presuntuosos y nos fiamos de nosotros mismos, o queremos trabajar con un estilo que puede no ser el de Cristo o el De Dios.

SALMO:
“Gustad y ved qué bueno es el Señor.”
Es un canto lleno de confianza en Dios, y el pueblo de Israel alaba a Dios por su cercanía, porque está en todas circunstancias sobre todo en las difíciles, sabiendo que el Señor escucha al que lo necesita si clama con sinceridad de corazón.

EFESIOS:
– San Pablo da a los cristianos de Éfeso unas consignas de vida comunitaria que siguen plenamente de actualidad. Desterrar la amargura, la ira, los enfados y toda maldad, que fácil es decirlo y cuanto nos cuesta alejar de nosotros todas estas actitudes que no nos dejan vivir las cosas en el Señor. Y por otro lado ser buenos, comprensivos, perdonándonos unos a otros, imitando en todo a Cristo Jesús, que nos lleve a vivir de este modo en la entrega por todos como Él lo hizo.
– Y la motivación para vivir todo esto viene De Dios, de no querer poner triste al Esp´ritiu Santo , y vivir en el perdón y el amor del Señor que nos amó y se entregó por nosotros, ofreciéndose totalmente por nosotros.

JUAN:
– Como respuesta a nuestra debilidad ha pensado Dios darnos un alimento para el camino: su Hijo Jesús. Como sucedió con aquella multitud ansiada y hambrienta de la que se compadeció Jesús y les alimentó con el pan milagroso pero apuntado al Pan que era él mismo.
– Si creemos en Él, si le admitimos sinceramente en nuestra vida, tendremos fuerza para seguir el camino, tendremos vida eterna. Es la fe la que nos anima, la que da sentido a nuestra vida cristiana. Cristo es el pan que nos da fuerza. Claro que esta fe es don de Dios, pero también depende de cómo acogemos en nuestras vida ese don De Dios.
– Jesús en el sermón de la Eucaristía nos dice: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré, es mi carne para la vida del mundo”. Vivir es moverse, es andar, es continuar, es no pararse en el camino. Sólo el que toma este pan, sólo el que come la carne del Señor, sólo ése tiene fuerzas para caminar. Comer de este pan, es tener Vida eterna, vida en el alma, fuerza en el alma para caminar hacia Dios, para vender nuestras pasiones, para adquiere relevancia las virtudes, para entregarnos al Señor cada día con mayor verdad. Vida en el alma para morir a nosotros mismos y vivir sólo a Dios. Esa vida del alma es eterna, no cambia. Cambian las circunstancias, pero es vida de aquí y de allí, verdaderamente vida eterna, “el que come de este pan, vivirá para siempre.”
– Con Él viviremos y cuanto vive, vive en Él; y sin Él nadie puede vivir. El Señor nos lo dijo otra vez con otra semejanza, con otra alegoría, la alegoría de la vid, pero es lo mismo. El sarmiento unido a la vida es el que puede vivir, y el que no, no vive. Sin Él no podemos hacer nada. Fuera de la vida se seca y arde. LA savia de la vida que corre por el sarmiento como corre por la cepa la misma savia, la misma fuerza, la misma vida, aquí es el pan que nos transforma en sí mismo y Cristo habita en nosotros, Cristo fuente de vida, Cristo fuente de santidad.
– La sagrada Eucaristía, el sacramento del Amor, tiene muchos aspectos, es un tesoro que nunca acabamos de abarcar, pero uno de los tesoros más grandes que tiene, es que nos hace tener las fuerzas para andar, las fuerzas para trabajar, las fuerzas para correr y para volar en el servido De Dios. Pues: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que Yo daré, es mi carne para la vida del mundo.”

María, Madre que siempre comamos de este Pan. amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

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