DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:
– Ezequiel es un profeta que comunica al pueblo cuáles son los planes salvadores De Dios, para animarles en su fidelidad y en su esperanza de la vuelta a la patria.
– El profeta asegura que Dios puede sacar, de una rama o un esqueje de un cedro bien frondoso, otro árbol igualmente noble y bulle, en el que vendrán a anidar los pájaros: del resto de Israel, ahora en el destierro, reconstruirá el pueblo elegido, y sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, y hace florecer los árboles secos.

SALMO:
“Es bueno darte gracias, Señor.”
La comparación con la vegetación, también la toma el salmista, el justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano. No sólo dará Gustavo verlo cuando es joven y fuerte, sino que incluso en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso. Es Dios el que da este vigor y esta fuerza, sin Él estamos perdidos.

2 CORINTIOS:
– San Pablo nos habla sobre la vida de la comunidad cristiana, y sobre todo sobre el ministerio de un apóstol dentro de esa comunidad. Habla de una historia personal y comunitaria donde hay momentos malos que que nos sentimos como desterrados lejos del Señor. Pero guiados por la fe, seguimos confiados, y aunque caminamos en muchos momentos sin verlo, lo hacemos sin perder los ánimos, pues sabemos que el Señor está con nosotros y no nos abandona.
– Queremos dar de nosotros mismos lo más que podamos, pues tanto en destierro como en patria nos esforzamos por vivir agrandando a Dios en todo. Siempre con la mirada puesta en el último momento de nuestra vida, cuando comparezcamos ante Cristo Jesús que será también nuestroJuez, tenemos confianza, los que hemos creído en Él, que recibiremos premio o castigo según lo que hayamos hacheo durante nuestra vida.

MARCOS:
– De las cinco parábolas que Marcos reúne en este capítulo leemos hoy dos, la de la semilla que crece por si sola y la de la semilla de mostaza, que es pequeña, pero se convierte en un arbusto considerable.
– En la primera, lo que hace el agricultor es ámbar esa semilla, pero luego ella crece sola, por la fuerza intrínseca que Dios le ha dado tanto a la semilla como a la tierra en la que germina: germina y va creciendo sin que él sepa cómo, hasta convertirse en una espiga que da grano. Esto muestra que el verdadero agricultor es Dios, eso nos hace ser humildes, aunque sigamos trabajando con generosidad. Pero debemos colaborar con nuestro esfuerzo.
– En la segunda compara la pequeñez del grano de mostaza, que se ve que era proverbial para los judíos, con el final del proceso de su crecimiento, un arbusto de varios metros, en el que pueden venir a anidar los pájaros. Es una verdadera lección de humildad, pues el Reino De Dios ya está en marca, ya está sucediendo, y es Dios quien lo hace germinar y madurar, y hace grandes cosas de lo más pequeño.

Hoy además de pararnos a mirar como Jesús nos enseña en parábolas, debemos ver que por encima de todas las misteriosas humanos, pro encima de todos los deseos que no son deseos De Dios, hay una realidad que es fuente de vida íntima en el corazón, es el amor al Señor, que tiene estas dos manifestaciones: el deseo de querer estar junto a Él, sea como sea; el deseo de ser agradables a Él, donde quiera que vivamos, en cualquier circunstancias de la vida. Cuidemos que sea está nuestra tensión interior en nuestro corazón.

María, Madre que siempre busquemos lo que más agrade a Dios.

Un pobre sacerdote

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO