DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO

ECLESIÁSTICO:
– Que grande es el consejo que nos da este pequeño pasaje de la Palabra De Dios, y es que hay que discernir sobre los valores de las personas, y muestra que el hombre es probado en su razonar. Como el árbol se le juzga por sus frutos, a la persona, por su manera de pensar. Y nos muestra que no debemos mirar a las personas por lo que dicen, sino por lo que obran, pues hay se muestra lo que hay en el corazón.
– Consejo el de hoy muy sencillo, pero muy claro para nosotros, que tantas veces se nos podría aplicar ese refrán de por la boca muere el pez, pues decimos muchas cosas que no vamos a hacer, o que no hacemos pero decimos que hacemos. Es importante que hablen más nuestras obras, nuestra vida, mucho más que nuestra boca.

SALMO:
“Es bueno darte gracias, Señor.”
El salmo es una verdadera acción de gracias, y también una alabanza del justo, que crece de verdad, de forma robusta y frondosa como el cedro del Líbano, pues está plantado en la casa del Señor. Debemos buscar vivir en la justicia del Señor, en la santidad De Dios para que el Señor pueda hacer una obra de amor en nosotros.

1 CORINTIOS:
– Para San Pablo, la resurrección de nuestros cuerpo mortales es una convicción segura, basada en al certeza de la resurrección de Cristo. Si él resucitó, también nosotros. Entonces esto corruptible se vestirá de incorrupción y esto mortal se vestirá de inmortalidad.
– Al final se verá el sentido de la vida y muerto de Cristo y también de toda la humanidad: entones se cumplirá la Palabra escrita, la muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? Y san PAblo nos muestra que debemos vivir de la victoria de Cristo, y por esto nos entregamos totalmente al señor y sin reservas, para que la obra del Señor se haga en nosotros.

LUCAS:
– Varias son las enseñanzas de Jesús del día de hoy:
1. Un ciego no puede guiar a otro ciego: los dos caerán en el hoyo. 2. Un discípulo no puede esperar mejor suerte que su maestro.
3. Un árbol se conoce pro sus frutos: un árbol sano da frutos anos, y un árbol dejado, frutos dañados.
4. Hemos de ser sinceros a la hora de juzgar a los demás: ¿por qué te fijas en la mota o pajita del ojo de tu hermano y no en la viga del tuyo?

– Es de sabios tener capacidad para discernir. A veces no guiamos por la impresión exterior y superficial que no puede hacer una persona. Pero si somos sensatos, tendríamos que ver qué frutos da el árbol, y qué valores profundos tiene una persona. Es importante no caer en el brillo de un día de personas, sino en los frutos de buenas obras, de este modo la persona vemos que es sensato y vale la pena contar con ella. El ejemplo lo pone el Señor. Los árboles se conocen por sus frutos, no por su hermosura exterior. Las zarzas no dan hijos, del mismo modo; “el que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, y el que es malo ,de la maldad saca el mal”. Jesús valora lo interior, no lo exterior. En el fondo del corazón, no en lo que uno dice o aparente, ni siquiera lo que hace, sino cómo tiene el corazón. Lo que rebosa el corazón, lo habla la boca. Si tenemos palabras amargas, es que nuestro corazón rezuma amargura, y si son amables, tenemos en el corazón lleno de bondad y por eso somos bondadosos.

– ¡Qué facilidad tenemos para ver los defectos de nuestros hermanos y para disimular los nuestros! A los demás los miramos con lupa. Nos damos cuenta en seguida de las motas, pajas que tiene el otro; y no somos capaces de mirarnos al espejo y constatar que nosotros tenemos los mismos defectos y aún mayores, que son auténticas vigas en nuestros ojos.
Esto es hipocresía, y es algo que Jesús corrige mucho y directamente. Es como el ciego que quiere guiar a otro ciego, caerá y hará caer en el pozo a los que pretende guiar. Queremos hacer de maestros y dar consejos a los demás, cuando no somos capaces de ver el camino nosotros mismos. Por lo tanto hagamos más autocrítica, y miremos más nuestros fallos y disculpemos a los demás. Usemos la ley del embudo dándole el lado del perdón y de la misericordia, de la acogida y la anchura al otro, y de la exigencia y la verdadera conversión para nosotros.

María, Madre llévanos a llenar el corazón del Señor para que todos en nuestra vida sea según Él, lleno de verdadera misericordia entrañable. Amén.

Un pobre sacerdote. +++

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO