DOMINGO IV DE CUARESMA
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JOSUÉ:
– Hoy vemos como la peregrinación constante del pueblo de Israel a llegado a la meta, ya no es la época del desierto, sino la llegada a la Tierra Prometida. Así llega el fin del maná, que era el alimento provisional, y pudieron ya comer de la cosecha de la nueva tierra. Fue un momento muy significativo de la historia de este pueblo, como conclusión del éxodo que había comenzado en la salida de Egipto hacía cuarenta años.

SALMO:
"Gustad y ved que bueno es el Señor."
Son sentimiento de alegría y alabanza, porque el pueblo ha experimentado la ayuda de Dios, porque el Señor ha cumplido las promesas, y sobre todo porque el Señor se fija en el más necesitado y afligido.

2 CORINTIOS:
– Es un canto entusiasta a la reconciliación que se ha dado, en todas las direcciones, por medio de Cristo JEsús: "Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el servicio de reconciliar." LA reconciliación la realiza Dios, y, además, encarga a la comunidad cristiana que predique y realice esa misma reconciliación.
– San Pablo está orgullo de ser apóstol de la reconciliación de todos con Dios, y por eso invita a la reconciliación con Dios.

LUCAS:
– Si miramos el Evangelio de hoy es difícil que no lo conozcamos, incluso que podríamos contarlo de memoria. Lo primero que debemos mirar es como encuadra el evangelista el texto: A JEsús se acercan los publicanos y pecadores a escucharle, y los fariseos y letrados a murmurar. Son dos clases de corazones, y en medio de ellos el Corazón de Jesús.
– Los PUBLICANOS Y PECADORES, son corazones que abiertamente son malos. Los FARISEOS Y LETRADOS, son corazones que públicamente pasan por ser buenos. En medio de estos el CORAZÓN DE JESÚS, que se nos presenta en la parábola.
– En la parábola también hay un corazón de un hijo malo y uno bueno. El hijo malo, es el pequeño que se va lejos de su padre, que abandona la casa, que se lleva el dinero, que lo gasta dando rienda suelta a sus pasiones, que vive una vida desastrosa lejos del padre. Pero este corazón malo cambia, y no importa nada de lo que ha hecho cuando brota el arrepentimiento en su corazón. Iré a mi padre, él me va a perdonar; yo no pido que me tome por hijo, porque no lo merezco, pero por lo menos que me trate como a un criado. Es el arrepentimiento sincero, es la humildad de corazón, es la humildad de quien no se atreve ya a pasar por hijo de un padre con quien se ha portado mal. Corazón malo que se hace bueno por la humildad y el arrepentimiento.
– El Hijo mayor que pasa por bueno, ha vivido con su padre, trabaja para su padre, el hijo no ha desobedecido a su padre, vive siempre con él. PEro no es tan bueno, pues en su corazón, hay envidia, celos, el creerse él bueno porque no ha hecho lo que ha hecho su hermanos. Y esto hace a su corazón malo.
– Tenemos dos clases de corazones humanos en los cuales hay, en los unos y en los otros, la miseria propia de la realidad humana. En una abierta y patente, y en otra oculta en el corazón.
– Y en medio aparece un Corazón verdaderamente bueno, el Corazón de Jesús. La reacción ante el hijo menor, que se ha arrepentido, es recibirlo como si no hubiera pasado nada, lo recibe incluso haciendo fiesta de familia, le devuelve todos los derechos de hijo. Incluso ese corazón bueno del padre está esperando, está mirando desde lejos y en cuanto lo ve, va corriendo a recibirlo. Esto es lo que hace Dios, la gracia de Dios toca el corazón para que pueda haber arrepentimiento, en la parábola lo vemos cuando el padre ve al hijo en el horizonte y sale corriendo, pero incluso podríamos decir que sale todos los días a buscarle para que pueda ver su amor.
– Con el hijo mayor hace lo mismo, sale del banquete, se va a buscarlo, empieza a insistirle, a razonarle: tú no tienes por qué ponerte así, esa pasión tuya no tiene sentido. El padre sólo busca curar al uno y al otro.
– Para nuestros propios corazones, que todos son malos en muchos momentos pública o secretamente, no hay más que una solución, no hay más que un remedios, no hay más que Jesús. Acudir a Él, estar pendientes de Él, con la humildad del hijo menor y con la humildad que le faltaba al mayor. Vayamos al corazón de Jesús para que nos cure, y nos devuelva la dignidad de hijos, y así vivir en la libertad y en el verdadero amor.

MAría, que dejemos nuestro corazón herido, en el Corazón de tu Hijo Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO IV DE CUARESMA