DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO A

ISAÍAS:
• Que gozo es saber que somos elegido por el Señor, que nos cuida y nos ama desde el seno de nuestra madre. Que descanso del alma que el Señor se siente orgulloso de nosotros, si somos siervos que correspondemos a su amor. De este modo si vivimos en Él, nos hace luz, para iluminar a las gentes con su misma luz.
• Es El Segundo cántico del Siervo de Yahvé, que se refiera a su misión universal, llamado por dios, desde el seno materno, para reunir al pueblo de Israel, para ser luz de las naciones, y traer la salvación a todos.

SALMO:
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
• Refleja la actitud de obediencia del Siervo a la voluntad De Dios, que se ofrece a sí mismo por la salvación de todos. La antífona que repetimos se le atribuye a Jesús en el momento de su encarnación: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has dado un cuerpo, aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.”

1CORINTIOS:
• Es el inicio de la carta, donde aparece el autor, los destinatarios y el saludo que les dirige, que es el saludo que se usa en el comienzo de la Eucaristía: “la gracia y La Paz de parte De Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sea con vosotros.”

JUAN:
+ Testimonio de Juan Bautista de quien es Jesús: el Cordero De Dios, el Ungido por Dios que viene a salvar el mundo, que viene a bautizar con Espíritu Santo, que es el Hijo De Dios, este es el único que puede cambiar el curso del mundo, de la historia y de nuestra propia vida.

• Tres títulos de Jesús aparecen en la Palabra de este domingo, que deben marcar cada día, pues así se acerca el Señor Jesús a nosotros, y de este mismo modo debemos acercarnos a Jesús sin olvidar estos títulos que definen su persona.

SIERVO POR AMOR (1 Lectura)
Mirar detenidamente este Siervo del profeta Isaías que viene a Salvarnos, pero que viene a hacerlo cargando con algo que no es suyo, el pecado de los hombres, y que desde el seno materno a sido elegido para dar la vida por Amor a los hombres, y que es Luz por este Amor, para iluminar a los hombres con La Luz del Espíritu que se muestra en la Palabra De Dios. Como no agradecer tanto a Dios, pero sobre todo que se haga SIERVO POR AMOR a unas pobres criaturas pecadores y desagradecidas como nosotros.
Nunca olvidar hasta donde le lleva el Amor a Dios, hasta derramar la última gota de su sangre por nosotros. Por esto muy necesaria esta imagen de Siervo, para ver como diría la santa: “que en la Cruz, está la vida y el consuelo y ella sola es el camino para el cielo”: nunca olvidar que el signo del cristiano es la CRUZ, y que en esa cruz está el SIERVO OBEDIENTE DE YAHVÉ que no duda en dar la vida por nosotros.
Por eso repetimos en el salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”: soy tu Siervo y entrego la vida por Amor; estas palabras las dice Jesús, pero también nosotros que conmovidos por su Amor, queremos corresponder dando todo al Señor: AMA TOTALMENTE AL QUE TOTALMENTE SE ENTREGÓ POR TU AMOR.

EL CORDERO DE DIOS (Evangelio)
Esta es la definición que usa san Juan Bautista para significar a Cristo. El Cordero sin defecto ni mancha, que viene a dar la vida por las demás ovejas que están sucias todas pro el pecado. Viene a ser degollado y humildemente y mansamente pone su vida en manos del Padre para darla en rescate por muchos; al igual que el cordero que ofrecía el sumo sacerdote, es expiación por nuestro pecados.
Es signo del cordero pascual cuya sangre, marcaba las puertas de las familias judías en Egipto, y que es el inicio de la liberación del pueblo del opresor.
Cuando elevamos a Jesús en la Eucaristía y le miramos roto por amor en la especie del pan y derramado en la de sangre en el cáliz, y decimos esas palabras como respuesta, que son las que dijo el Centurión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Decimos al Señor no soy digno, no te merezco, pero TE NECESITO; necesito que seas el cordero degollado que da la vida por nosotros, necesito marcar mi casa con tu sangre preciosa para no dejarme llevar por las asechanzas del diablo. TE NECESITO SEÑOR, SÉ MI CORDERO SALVADOR, Y ENSÉÑAME A AMAR.

JESÚS EL SEÑOR (2 lectura)
El Señorío de Jesús se muestra en que Él viene a liberar y a entregarse por todos los hombres, en Él recibe la bendición la comunidad al principio de la Eucaristía. Este Señorío, es el Reino de Jesús que quiere entregar a los hombres al hacerse Siervo y Cordero, es el Reino del amor, de la libertad, de la alegría, de La Paz, de la justicia…, que tanto necesitamos, y que debemos acoger en nuestra vida.
Por eso debemos acoger a Jesús como nuestro Señor, para vivir bajo su autoridad, vivir en su libertad, en su Amor, en su justicia, en su paz…, y así ser liberados de todo lo que no es Dios, pues nuestro Señor saldrá fiador por nosotros sus pobres siervos, pues es un reino en el que el Rey se entrega por su súbditos, el Pastor se entrega por sus ovejas, pues Ama entrañablemente a cada una de ellas.
Este título que sólo aparece como un saludo en la carta a los hebreos, debe ser algo esencial y fundamental en nuestra vida de fe, y en nuestra relación con Cristo.

UN GRAN OFICIO DE JESÚS: QUITAR LOS PECADOS DEL MUNDO

Quitar los pecados del mundo. Pero la palabra es mucho más profunda. Hay dos maneras de quita los picados del mundo : una es haciéndolos desaparecer sin más, otra tomándolos sobre sí mismo para ofrecer por ellos el sacrificio expiatorio, que es el que quita de verdad los pecados del mundo. El Cordero De Dios, es el cordero que se sacrificaba en el templo todos los años el día de Pascua, es el Cordero que se sacrificó en la primera Eucaristía, en la última Cena; se sacrificó en SACRIFICO EXPIATORIO, que era el sacrifico De la Cruz, precisamente el día en que se inmolaba el cordero pascual. Incluso, en el la lanzada, el evangelista reflexiona que tenía que ser así, porque estaba prohibido romper ningún hueso al cordero de la Pascua.

“Este es el Cordero De Dios que quita el pecado del mundo”: todos los pecados del mundo desaparecen aquí, porque Cristo se ha inmolado por nosotros. Nuestros propios pecados, se se perdonan, es por Él; pero se perdonan por Él no simplemente porque Él tiene voluntad de perdonar, que eso bastaría, sino porque Él se ha sacrificado por nosotros. Ha sido el CORDERO EXPIATORIO de nuestros pecados y puesto en la cruz como Cordero INMACULADO ante el Padre, implora con lágrimas en los ojos, con su propia sangre y con su propia inmolación, el perdón para todos los hombres.

Más allá de la ternura y de la mansedumbre y de la inocencia del Cordero, está la SANGRE DEL CORDERO que se ha inmolado para sacrificarse por nosotros y lavarnos con su sangre. Lavados con la sangre del Cordero podemos acercarnos a Dios.

“Este es el Cordero De Dios que quita el pecado del mundo”: estas palabras deben levantar siempre nuestro corazón al agradecimiento de que nuestros pecados se han perdonado gracias a este Cordero inmolado; deben suscitar en nuestro corazones, sobre todo, sentimientos de amor. Porque el Cordero De Dios si se ha inmolado por nosotros, se ha derramado su sangre por nosotros, por nuestro pecados, no ha sido más que por OBRA DEL AMOR QUE SE INMOLA POR NOSOTROS. Y al recibirlo ay participar de su Cuerpo en la Eucaristía, de su Sangre bendita, es preciso que se levante en nosotros también EL AMOR DE CORRESPONDENCIA A TANTO AMOR, porque el amor no se le paga sino con amor: AMOR CON AMOR SE PAGA.

María, Madre enséñanos a acoger a Jesús y vivir sólo para Él correspondiendo con la entrega generosa y amorosa de nuestra pequeña vida a su Gran Amor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO A