CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

JEREMÍAS:
– Que gran palabra esta vocación de Jeremías, donde Dios le habla del profundo y grande amor que le tiene, pues desde antes de ser formado en el vientre materno, Dios ya le tenía en su mente, y le eligió para que fuera mensajero suyo, profeta de su Amor. Es cierto que esta llamada desde este amor, es a anunciar lo que el Señor le pida, y claro este mensaje a veces choca frontalmente con lo que piensa y dice el mundo, y por esto le anima y le dice que no tenga miedo, pues Él su Dios siempre le acompaña y le allanará el camino. El profeta no anuncia una palabra propia, por eso no camina sólo, es el Señor el que va a estar siempre delante de Él para que pueda llevar a cabo este anuncio.

SALMO:
“Mi boca contará tu salvación, Señor”.
El salmo subraya el tono de confianza del profeta, que no se fía de sus fuerzas, sino de la ayuda De Dios, por eso se acoge al SEñor, que es roca firme que nos sostiene, es nuestra esperanza y nuestra SAlvación. Gracias a que el Señor es quien sostiene se puede caminar en sus promesas.

1 CORINTIOS:
San Pablo habla muchas veces de la riqueza de los dones y los carismas que hay en la comunidad de Corinto. Pero hoy pone la PRIMACÍA DEL AMOR por encima de todo, no es que no se deben dar los carismas en al Iglesia, son importantes, pero como el mismo dice “si no tengo amor de nada me sirve”. Pero yo creo que es cualquier cosa que hagamos, si no la cargamos de Amor no vale de nada, no es posible vivirla; desde poner la mesa en nuestra casa, hasta ejercer cualquier ministerio en la Iglesia, hasta tener un carisma de profecía o de sanación.
Pero, nos podríamos preguntar con qué amor es con el que hay que amar. Pues fácilmente hacemos un amor a nuestra medida, no según Dios, sino según nuestros posibles, y entonces cargamos el Amor de atributos que no son del amor verdadero. Como dice San Pablo en ese precios himno del Amor que no se acaba: “El Amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no e engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca.”
Es fácil reclamar este amor para que nos lo entreguen a nosotros, pero nosotros debemos amar, o buscar amar del mismo modo. Y ante esto sabiendo que no somos capaces, sólo podemos suplicar a Dios para que nos sostenga, ayude, y derrame en nosotros el ESpíritu Santo que viene cargado de dones, carismas…., pero sobre todo del Amor verdadero con el cuál debemos vivir cada cosa. Por lo que abramos nuestra vida a su acción misericordiosa, y dejemos que Él haga poniendo nosotros toda la carne en el asador.

LUCAS:
– Jesús ha venido a predicar a la sinagoga de su pueblo Nazaret; y predica sobre la palabra “hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”, hoy se cumple, esta palabra, Jesús es el Mesías, la esperanza está cumplía, y no hay que seguir buscando ni esperando. Ante esta breve predicación de Jesús todos le expresaban su aprobación y su admiración ante estas palabras de gracia que salían de sus labios. Parecía que todo estaba perfecto, pero al final del pasaje lo empezaban para tirarlo por un barranco. ¿Qué ha pasado para este cambio tan radical? También nos podríamos preguntar nosotros: ¿qué pasa en nuestro corazones que acabamos de escuchar la palabra del Señor, que la reciben con gozo y alegría, y tan pronto, cambiamos para tirarle al precipicio, quitándonos de Enmedio a Jesús en la vida diaria?
– Así son nuestro pobres corazones humanos. Somos volubles, pues no dejamos que el Señor crezca en nuestros corazones, se haga vida en nosotros. El Señor pone buenos y grandes sentimientos en nuestro corazón, es la semilla que el Señor siembra en nuestra vida para que la cuidemos y la hagamos crecer. Pero nosotros tenemos que ir a una con el sembrador que irá cuidando nuestra vida. Es verdad que el Señor lo podría hacer sólo pero ha querido hacerlo con nosotros. Tenemos que trabajar Él y nosotros en sintonía de corazón: es una unión don Don y Tarea, de gracia y esfuerzo personal. El Señor apuesta por nosotros, y lo hace con obras concretas de amor, ahora solo falta que nosotros correspondamos con obras concretas de amor con Él: es la UNIÓN DE VIDA que el Señor quiere vivir con nosotros; no en una parcela de nuestra vida, sino en toda nuestra vida.
– Hoy podemos reconocer lo grande que Jesús es y nos trae y lo pobres que somos nosotros. Pero pobres como somos, si reconocemos nuestra pobreza y nuestra indignidad, así es como Él llenará el abismo de nuestra miseria con las riquezas inmensas de su misericordia infinita. Al fin, todo tiene que acabar en Él, no en nuestra pobrezas, sino en su riqueza; no en nuestra miseria, sino en su misericordia, no en nuestro desamor, sino en su amor.

María, ayúdanos a poner nuestra miseria en manos de la Misericordia de Jesús, para que su Amor venza en nuestra vida. Amén.

un pobre sacerdote +++

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO