CUARTO DOMINGO DE PASCUA

HECHOS:
– El anuncio que hace Pedro después de Pentecostés, es el anuncio que toca el corazón de las gentes, que es que Jesús ha dado la vida por nosotros, y que el Padre lo ha resucitado constituyéndolo Señor, y hoy sigue salvándonos, sólo pide que nos convirtamos a Él.
– Esta parte del discurso de Pedro es la conclusión, que es resumen de todo el kerigma, el núcleo evangelizador que contienen. Y el efecto del discurso es inmediato, y muchos de los oyentes de Pedro se preguntan qué deben hacer, y lo que deben hacer es el camino de la conversión, despertar en la fe y después irse agregando a la comunidad cristiana

SALMO:
«El Señor es mi pastor, nada me falta.»
Este salmo no lleva por dos imágenes, la De Dios buen Pastor que nos alimenta bien, que nos lleva a lugares tranquilas, que nos cura de nuestras heridas, que nos lleva por el camino del bien, que en las dificultades siempre está con nosotros, y que nos unge con la fuerza de su amor.
Y por otro lado la de un Dios que nos prepara un banquete, donde recibimos la bondad y la misericordia del Señor, y que nos lleva a habitar en su casa por siempre.

1PEDRO:
– La gracia De Dios nos debe llevar primero a hacer el bien, y viviendo en este bien, no temer nada que padecer por Jesús, de este modo nos asociamos a la vivencia de la pasión de Cristo. Debemos mirar mucho a Jesús que se hace buen Pastor en la Cruz, y cargando con nuestras heridas, con nuestros pecados, nos carga y nos salva, nos da un rumbo y nos cuida como un pastor a su rebaño.
– Vivir del ejemplo que nos ha dado Jesús, que es el ejemplo del cuarto cántico del Siervo en Isaías. De este modo nos hacemos esclavos por Amor, y también sabemos lo que significa ser cristiano, que es llevar la vida de Jesús en nosotros.

JUAN:
– Jesús es el PASTOR, que conoce a sus ovejas, que da la vida por ellas, que ha venido para que tengan vida y la tengan abundante
– Jesús es la PUERTA, que abre y cierra el redil De Dios. él es el acceso, la entrada, la mediación, a acogida, para ir al Padre. Es necesario entrara por esta puerta para salvarse.

CRISTOLOGÍA DEL BUEN PASTOR:
– Ofrece su vida para que tengan vida, y vida en abundancia.
– Buen pastor da la vida LIBREMENTE por sus ovejas.
– JEsús se da personalmente a cada uno, llama por su nombre, le conocen. Compenetración entre el amor de Cristo y el amor de las ovejas los fieles.
– El buen Pastor vive la donación total de uno mismo, Jesus ama a su Iglesia y se entrega por ella.
– El buen Pastor, no sólo aguanta, sino que ama a sus ovejas, por eso las cuida las guarda, las guía, las conoce por entero.

CORAZÓN COMPASIVO DEL BUEN PASTOR:
+ Compasión: sentir de que tiene el hombre necesidad, que necesita la oveja, y que aflicciones, dificultades está viviendo, para hacerse uno con Él.
+ Jesús tiene un corazón que ve, escruta y para él ver es dejarse herir, sentir con, sufrir con, amar con…

GESTOS SAMARITANOS DEL BUEN PASTOR, HACERSE PRÓJIMO:
· Se inclina para levantar.
· Aceite, consuelo, suavidad, y vino curación, corrección.
· No sólo emergencia, sino que da a fondo perdido.
· No espera agradecimiento, dar sin esperar nada.

Hoy podemos mirar junto con este corazón de Bueno Pastor, esta acción de Amor de Jesús meditando sobre el sacramento de la Unción de los Enfermos, de un Dios que se entrega en todos los momentos de su vida. Por eso es bueno meditar sobre lo que nos enseña el catecismo sobre este sacramento.

II. Quién recibe y quién administra este sacramento

En caso de grave enfermedad …

1514 La Unción de los enfermos «no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez» (SC 73; cf CIC, can. 1004, §1; 1005; 1007; CCEO, can. 738).

1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.

«…llame a los presbíteros de la Iglesia»

1516 Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos (cf Concilio de Trento: DS 1697; 1719; CIC, can 1003; CCEO. can. 739,1). Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.

IV. Efectos de la celebración de este sacramento

1520 Un don particular del Espíritu Santo. La gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios (cf Concilio de Florencia: DS 1325). Además, «si hubiera cometido pecados, le serán perdonados» (St 5,15; cf Concilio de Trento: DS 1717).

1521 La unión a la Pasión de Cristo. Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

1522 Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, «uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios» (LG 11). Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.

1523 Una preparación para el último tránsito. Si el sacramento de la unción de los enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias graves, lo es con mayor razón «a los que están a punto de salir de esta vida» (in exitu viae constituti; Concilio de Trento: DS 1698), de manera que se la llamado también sacramentum exeuntium («sacramento de los que parten»; ibid.). La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates antes entrar en la Casa del Padre (cf ibid.: DS 1694).

María, Madre llévanos a vivir en el corazón del Buen Pastor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

CUARTO DOMINGO DE PASCUA