CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Hoy la oración del inicio de la misa nos hace una invitación a cuidar dos cosas fundamentales para celebrar bien la Pascua, pero que son actitudes para toda la vida, y que nos urge vivirlas y cuidarlas: FE VIVA Y ENTREGA GENEROSA. Este camino cuaresmal no se entiende sino en clave de fe y si no nos entregamos totalmente y sin reservas a Dios, no dejaremos que Dios haga su obra de salvación en nosotros mismos, por eso es importante cuidar esto dos pequeños aspectos en nuestro caminar diario y cuaresmal.

1 SAMUEL:

– Samuel va a ungir al que el Señor se elija para el futuro rey del pueblo; pero cuando llega a casa de Jesé, los que parecen más aptos, no son los que Dios quiere, porque Dios quiere que no se fije en las apariencias, porque Dios ve el corazón. De este modo Dios elige al pequeño, al que estaba cuidando las ovejas (oficio despreciable) y que es el que no valía, pues el padre ni lo había tenido en cuenta. Dios siempre hace de este modo las cosas, no según las miras humanas, sino según las suyas, esto ya es un toque de atención a vivir más en sus manos que en las nuestras, pues Dios hará con nosotros lo que tenga que hacer y eso será lo mejor para nosotros.

– El profeta va a ungir al nuevo rey, la unción es un simbolismo muy antiguo de la fuerza y la salud que Dios comunica a una persona para la misión que le encomienda, de la misma manera como el aceite cura y fortalece nuestra piel y nuestro músculos. Por eso después de esta unción invadió a David el Espíritu del Señor, que quiere hacerle un rey según su corazón.

SALMO:

«El Señor es mi pastor, nada me falta.»

El salmo nos recuerda que el verdadero rey, el que gobierna la historia de todos los pueblos, el auténtico pastor, que elige luego como pastores a los que él quiere, es Dios mismo: «el Señor es mi pastor, nada me falta… nada temo, porque tú vas conmigo.»

Que bueno es saber que Dios viene con nosotros, que nos acompaña y que nos guía en nuestro caminar, que grande es que nos sienta a su mesa. Al rezar con este salmo deberíamos reconocer lo importante que somos para Dios y como se interesa hasta en los más pequeños detalles tiernos y delicados, para que vivamos en Él.

EFESIOS:

– Hay que vivir como hijos de La Luz, esto es vivir en BONDAD, JUSTICIA Y VERDAD, que es vivir en Dios, buscando lo que le agrada. Es necesario sacar a La Luz nuestra vida, para que sea iluminada por el Amor del Señor, por el Espíritu Santo, y que el Señor haga su obra en nosotros, y nos levantemos en su Presencia y vivamos por y para Él.

– Hay algo muy claro, que hay que vivir en La Luz, y La Luz es Cristo, por eso ya no podemos vivir bajo la tiniebla de los criterios de este mundo, ni en los nuestros, sino según la norma de Cristo, que es vivir según el Evangelio.

JUAN:

– Curación de un ciego de Nacimiento, proceso para poner excusas y poner en entredicho a Jesús, pero hay algo que es irrefutable lo que ha vivido el cielo, el mismo lo dice: «si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo». Lo que no se puede contradecir es lo que le ha pasado a este hombre.

– Jesús además da una gran enseñanza sobre creer en Él por encima de todo, y que Él ha venido a mostrar que no es la fe de un mero cumplimiento lo importante, sino de un verdadero Amor. Hay que hacer que las personas lleguen a Amar más, no ha cumplir más con unas serie de preceptos rituales-cultuales, y esto lo muestra Jesús mostrando su misericordia por encima de el hacer una serie de actos religiosos. De este modo Jesús va llevando al cielo a vivir en la fe y aceptarle como Luz, como enviado como Mesías.

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA