CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

MIQUEAS:

  • Hoy leemos el oráculo en que se anuncia que será de Belén de donde saldrá el Mesías. Pero lo que destaca de Belén no es que sea el más grande, sino que es la más pequeña de todas, y es de aquí de donde hace obras grandes. Es un signo claro del modo de actuar De Dios que siempre saca de donde parece que no hay, como lo puede hacer en cada uno de nosotros que no somos nada, pero Él siempre hace obras grandes. Que final de Adviento tan apasionante, poner nuestra vida pobre en manos de Cristo que se hace pobre para salvarnos, para hacernos grandes.
  • Por otro lado se muestra quién es el que nace, es quien pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, Él mismo será La Paz. Es este amor el que vive y reina por siempre. Es en el Amor donde Reina el príncipe que trae La Paz y obra su salvación.

SALMO:

“Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostros y nos salve.”

El salmo parece dar prisa a Dios para que la venida de su Hijo nos llene de alegría, y que venga pronto a salvarnos. Es un salmo precioso para recitarlo en fe, en este final del Adviento, es Jesús el que tiene que venir, quién tiene que volver, quién tiene que cuidar y hacer crecer con su fortaleza, con su poder, con su Amor.

Al final del salmo hay una promesa que debemos hacer cada uno de nosotros, sólo si nos hemos encontrado con el Señor: “no nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.” Que el Señor venga esta Navidad pero no para pasar un rato en nuestra vida, sino para ser nuestra vida.

HEBREOS:

– Vemos cuál es la actitud del mismo Jesús en el momento de la encarnación, aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad. Dios realmente no quiere sacrificios de animales, pero nos ha dado un cuerpo, es la oblación personal, total, de cada uno lo que agrada a Dios, y por eso Cristo repite hoy que hay que entregar la propia vida, en una ofrenda no según nuestro gusto, sino según la voluntad del Padre.

– Pensemos cuántas veces hacemos ofrendas vacías a Dios y cómo necesitamos de su Amor y de su presencia, y ofrecer nuestra propia vida, ofrendas que impliquen nuestra vida. En cada eucaristía ofrecemos el pan y el vino, y en ese pan y en ese vino debe estar una ofrenda total de nuestra vida, sin reservarnos nada, sin guardarnos nada, ofreciendo nuestra vida como una ofrenda al Amor misericordioso, buscando ante todo y sobre todo lo que más agrada a Dios.

LUCAS:

Dice Pablo VI: “La santísima Virgen, llevando en su seno al Hijo, va a casa de su prima Isabel para ofrecerle la ayuda de su caridad y proclamar la misericordia De Dios Salvador”. Es el evangelio del día, María va en actitud de verdadera entrega de vida a ofrecer su vida en servicio a su prima Isabel, pero también va a proclamar la misericordia De Dios, porque Dios ha mirado su humildad, y se ha manifestado de este modo la grandeza de su Amor, que también se ha hecho visible en que Isabel está embarazada y na no es estéril.

El viaje de MAría tiene resonancias bíblicas: el traslado entre danza y alegría del Arca de la Alianza en tiempos del rey David. El arca de la Alianza es ahora la Madre del Mesías. El encuentro de las dos mujeres creyentes está lleno de simbolismo también: María lleva en su seno al Mesías e Isabel va a ser madre del Precursor. Las dos están llenas de alegría, las dos han aceptado el plan De Dios sobre su vidas. El encuentro de estas dos mujeres sencillas, representantes del Antiguo y del Nuevo Testamento, es también el encuentro entre el Mesías y su Precursor, entre Dios y la humanidad.

Este último domingo de adviento, nos lleva a prepararnos para vivir la Navidad como la fiesta de los humildes y como rescate de la gente pobre. Belén era la más pequeña entre las aldeas de Judá. Dios mira la humillación de su esclava. Ha mirado la pobreza de maría, su contar tan poco. Pero Dios que se inclina sobre los humildes, los afligidos, los abandonados y sobre aquellos que no son nada a los ojos del mundo.

Nuestra tentación es quiere mirar a quien está en lo alto, no a quien está en lo bajo, a quien está bien, no a quien se encuentra en al necesidad. Nosotros debemos llegar a ser los pequeños y los humildes, por lo menos de corazón, que acogen de verdad al prójimo y que se dejan acoger por el Señor. Por lo tanto si no podemos hacernos pequeños delante De Dios al que no vemos, hagámonos pequeños delante del hermanos al que vemos. Es necesario descender de nuestros camellos, caballos…, altiveces, vanidades, consumismos…, para ver a Jesús, para entrar en Belén.

María, Madre llévanos a salir de nosotros mismos, para ver a Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO